Ambas manos, diligentes,
se afanan en la empresa:
la derecha, firme empuñadura,
la izquierda, sutil,
abraza y endereza.
Como un íntimo ritual
-tal vez profano-
sin protocolo ni pompa;
este es mi augurio tangible,
o mi prólogo asequible
a horas maravillosas.
Acercándolo a mi cara,
elixir, bálsamo, esencia,
paladeo, gozo, me deleito y,
dejando de ser mis manos,
me transformo en olfato y lengua.
Laura Carpinetti
domingo, noviembre 15, 2009
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