Los sueños lentos nos fortalecen los pies,
nos mantienen firmes en conseguir lo deseado.
Los sueños livianos se recuerdan con facilidad
no se cuestionan en el tiempo son fáciles de comunicar.
Los sueños que se denominan pesados
se cobijan como la peor pasadilla, son nuestro miedo.
En sí son sólo recuerdos de algo no palpado, de una comunicación interna, propia de análisis y evacuación, sobre lo más retorcido de nuestra mente, que nunca descansa de nosotros.
jueves, enero 07, 2010
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